La inmersión en agua fría ha demostrado beneficios en la recuperación muscular, la mejora del estado de ánimo y la reducción del estrés.
Desde una perspectiva fisiológica, el contacto con agua fría provoca la liberación de epinefrina, norepinefrina y dopamina, neurotransmisores que aumentan la energía, el enfoque y la resiliencia mental incluso tras la inmersión.
Además, favorece la conversión de grasa blanca en grasa marrón, lo que contribuye a una mejora sostenida del metabolismo. Su uso regular se asocia con mejor calidad del sueño y una mayor tolerancia al estrés.